Disclaimer:

Los personajes, trama y detalles originales de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, Shūeisha y Shūkan Shōnen Jump (manga), Hayato Date, Pierrot y TV Tokyo (anime).

Advertencias:

Basado en la obra del manga, con ligeras influencias del anime.

La clasificación indica temas que no son propiamente para menores o personas sensibles a asuntos relacionados con la violencia física, psicológica, o contenido de índole sexual en determinado momento, además de uso de lenguaje vulgar. Queda a discreción del lector el contenido.

Notas introductorias:

Sí, me gustan las parejas extraas, y me ha gustado mucho trabajar con Ino, ya la emparejé con Zetsu, ahora vamos con otro seor, este elegido es sin más ni menos: Ibiki Morino, uno de mis favoritos de todo Naruto.

Dedicatorias:

Fic para el foro Desafío Shinobi Hi-yah!, en la campaa "Creatividad mata carita" y en "El valor de los extras".

(Más información en mi perfil)


El camino de las flores

Cuánto daría por regresar a sus tiempos de academia! Cuando la mayor preocupación de su vida no era mantener el honor Yamanaka como parte del cuerpo ANBU.


La prueba de la flor

Deshizo el vendaje de su pierna solo para volver a hacerlo, ajustándolo un poco más y sintiendo que había exagerado, así que volvió a aflojar.

Su mentón permanecía sobre la rodilla derecha, el fleco rubio le cubría el rostro enrojecido y tenía los ojos hinchados de tanto que había llorado unos momentos antes. Se relamió los labios, pero la saliva era espesa y amarga.

Miró de soslayo sobre su mesa de noche la requisición de su matrícula como jōnin y la solicitud de ingreso a la Fuerza Militar Especial Táctica de Eliminación, ANBU.

Como no conseguía hacer correctamente el vendaje, terminó por dejarlo de lado, subió los protectores que descansaban en sus tobillos y se puso el pantalón gris que le había comprado su papá esa misma maana, una blusa negra ceida que quedaría bajo una casaca gris de cuello mao.

La banda a la frente.

El portakunais en la pierna.

No se le ocurría qué otra cosa llevar, tenía todo un armario para misiones que iban desde pergaminos hasta pastilleros rellenos de comprimidos para todo uso y necesidad. Repasó mentalmente, no podía llevar una mochila, se lo habían prohibido en la solicitud, así que se limitó a un par de pergaminos de protocolo, armamento básico, bombas de humo, y un par de venenos de creación familiar.

Los golpes en su puerta la sacaron del ensimismamiento. Rápidamente se pasó el dorso de la mano por los ojos para limpiarse todo rastro de llanto y carraspeó para deshacer el nudo que se había hecho en su garganta.

—Adelante.

Inoichi entró asomando primero la cabeza.

—Lista?

—Completamente —dijo ella sonriendo, usando la más espléndida de las actuaciones.

—Realmente quiero acompaarte Sabes? Es un día muy especial, pero conozco a esos tipos, te comerán en burlas si lo hago.

—A mí no me importa —sealó rápidamente—. Me sentiría más segura si me acompaas, después de todo, es mi primer día en la escuela —agregó con una risita infantil que su padre correspondió con un abrazo.

—Estoy verdaderamente orgulloso de ti, y siempre lo voy a estar sin importar lo que ocurra el día de hoy, incluso si tú odias ese lugar y decides no volver, no importa, nunca podría haber tenido una hija mejor.

La kunoichi rodeó con los brazos a su padre y aspiró el aroma a tierra mojada y pasto recién cortado que siempre la había tranquilizado en sus momentos de más angustia. Quería sentirse reconfortada, quería solo cumplir con esa visita y regresar a su casa, abrir la florería y seguir con su vida como antes, pero, aunque su padre hablaba con total sinceridad, sabía que no había vuelta atrás.

Inoichi Yamanaka no tenía más herederos: su esposa murió sin darle más hijos, su padre y hermanos habían muerto durante la tercera guerra, quedaban primos y parientes distantes, pero ella era última en la línea de sucesión principal, la que heredaba el clan y con ello, la responsabilidad en el cargo de inteligencia de ANBU. Renunciar no era opción, porque tal vez su padre no viviría hasta que un hijo de ella pudiera reemplazarle.

—Estaré bien, pero vámonos, sería vergonzoso llegar tarde.

—De verdad, sé lo que te digo.

—Por favor. No van a matarme solo por eso O sí? Perderé alguna extremidad? —preguntó alarmada al ver la determinación del hombre a no acompaarla.

—Ino-chan, a donde vas no lastiman el cuerpo. Espero que esa entereza tuya no se quiebre.

—Acompáame.

Inoichi asintió sin estar completamente convencido, pero pasó su brazo para rodearle los hombros y la condujo sin decir nada más, dejando entrever a los vecinos el nuevo uniforme de su hija, la pequea alegría, el gran orgullo, la completa vanidad de saber que a diferencia de muchos que podían esperar una vida para ser aceptados, su familia tranquilamente disponía de una plaza de importancia vital.

Sin embargo, a Ino las calles se le antojaron largas, calurosas, sin sentido. El edificio gris pronto apareció ante sus ojos. Era pequeo, de no más de diez metros de frente por otros de fondo, con cuatro niveles visibles, mas o menos determinados por sencillas ventanas. El resto de la construcción, según su padre, se extendía hacia abajo y había más oficinas dispersas en toda la aldea, pero siempre con la más absoluta de las discreciones.

Si "decidía quedarse" le mostraría en dónde estaban.

Cuando su padre decía, "si decidía quedarse", ella escuchaba en realidad "si te aceptan", porque para entrar en ANBU se necesitaba mucho más que un kekkei genkai o un nombre antiguo, y ese algo, ella sabía perfectamente que no lo tenía.

—Ino-chan. Por favor, haz todo lo que te digan, todo, sin importar si es extrao, solo promételo Sí?

—Te lo prometo.

Inoichi llamó a la puerta, un guardia de capa blanca le abrió y permitió el paso sin hacer preguntas. Ino repasó aquella escena muy bien, siempre había pensado que se requería de laboriosas contraseas y rigurosos métodos de comprobación de identidad para entrar. Tal vez sí habían hecho pruebas, pero estaba segura de que no se le habría escapado algo así. Siguieron en silencio por lo que le pareció el pasillo más obscuro y largo de toda su vida, frío e incómodo en partes iguales, su padre ya no la abrazaba, se había limitado a caminar a su lado con la vista clavada en la espalda del encapuchado.

Finalmente, una puerta se hizo visible, le fue indicado que pasaría, pero para cuando notó que ahí se despedía de su papá, ya estaba completamente sola. Entonces, nuevamente unas inmensas ganas de llorar volvieron a invadirla.

—Yamanaka, Ino.

Dio un salto tragándose su miedo en un amargo bocado. Se rehusó completamente a mirar en todas direcciones para buscar al dueo de aquella voz en medio de la total obscuridad que la rodeaba, sería la más clara muestra de su nerviosismo y aún tenía dignidad suficiente como para no caer en eso.

—A partir de este momento y en concepto de protocolo, se le priva del nombre asignado por su familia, así como también se denota la ausencia de cualquier tipo de trato especial o favor condescendiente por su relación directa con un miembro activo del escuadrón. La recomendación dada personalmente por nuestra honorable quinta maestra Hokage, Tsunade, de ninguna manera determina la permanencia en ANBU. No se permite hacer alarde de méritos anteriores o rango, no se tiene bajo ninguna consideración el género u estatus social en la villa. Si comprende y acepta los requerimientos iniciales, el periodo de prueba se extenderá desde este momento hasta que el capitán a cargo de su instrucción así lo considere necesario, y su resolución final es inapelable. De ser aceptada, se le entregará la información pertinente al funcionamiento de la unidad a la que se incorporará. Antes de ese momento no le será comunicado más de lo que necesitará para cumplir las misiones, cuyo grado de complejidad no será inferior a B.

Se hizo un momento de silencio tras aquél discurso, Ino asintió sin pronunciar palabra, como una muda toma de protesta.

Una figura emergió desde las sombras al tiempo en que una tenue luz disipaba la espesa negrura.

El hombre que apareció no llevaba el uniforme o la capa de los ANBU, tampoco llevaba máscara, y el reconocerlo le causó un sentimiento más pesado y confuso que el miedo que ya sentía. Se trataba del examinador que les hizo la prueba "teórica" cuando recién fue recomendada para presentar el examen a chūnin, hacía varios aos.

—Yo seré tu inspector dentro del periodo de prueba, soy el capitán Ibiki Morino. El nombre clave que se te es asignado es Mesunokoba.

Ino volvió a asentir.

—Muéstrame el equipo que traes —demandó manteniendo las manos enlazadas en la espalda. La joven rubia se arrodilló frente a él y rápidamente empezó a vaciar los bolsillos en el suelo.

—Es todo?

—Sí, seor.

—La ropa. Quítatela.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Las ganas de chillar, estallar en gritos y golpearlo simplemente no aparecieron con la intensidad mayor a un gemido lastimero.

No era un sitio seguro, y no había absolutamente nadie detrás de quien ponerse, y aunque sabía que tenía que obedecer, no hizo nada, solo se quedó con la mirada al suelo.

—No se repiten las órdenes ni se dan explicaciones —dijo el hombre por toda réplica.

Los dedos de la chica empezaron a temblar mientras iban a los botones de la casaca.

Para qué? Para revisar que dijera la verdad respecto a que era todo lo que llevaba?

Se sacó la chaqueta y se detuvo ahí.

—Una chaqueta no es toda la ropa.

Sus ojos azules se llenaron de lágrimas pero reunió toda su fuerza para no llorar.

Cuántas personas había en ese lugar aparte de ese hombre?

.

Sería de madrugada, no había gente transitando por las calles y eso le daba solo una irrisoria cantidad de tranquilidad, se pasaba la mano por los ojos para quitarse las lágrimas, pero estas seguían saliendo igual que sus sollozos. Como un alma en pena, maldita y angustiada, recorrió las calles por los tejados, solo quería regresar a su casa, abrazar a su papá y encerrarse en su habitación.

El letrero de la florería fue lo primero que vio y lo único que se sentía capaz de reconocer de esa calle por la que pasaba todos los días. Entró por el ventanal de su habitación, sin encender luces y llorando aún. Bajó las escaleras, recorrió todas las habitaciones sin poder articular una palabra entendible, salió al invernadero, pero no había seal alguna de su padre.

Corrió de regreso a la cocina, buscando la nevera donde siempre le dejaba una pequea nota cuando salía y presentía no llegar para recibirla como siempre.

Nada.

Había empezado a temblar y gritó lo que no había querido gritar dentro del edificio que la asfixiaba, de un golpe con la mano arrojó el florero que daba un toque de brillantes colores a la reluciente cocineta blanca y después cedió a la debilidad de las piernas que la obligaba a permanecer de rodillas en el suelo.

Ella era médico, había auxiliado en muchos procedimientos de examinación médica, pero aquello que le habían hecho no tenía ese nombre en ningún lado, completamente despojada de las prendas, de una habitación a otra, la exploración física, las pruebas de sangre, de orina, radiografías, todo con el cuerpo expuesto sin la bata -que ya no le parecía tan vergonzosa-, y a los ojos de médicos como demás personal que solo transitaba.

La habían palpado, medido y examinado mil veces, tantas personas, que sentía que la dignidad se le había esfumado y la furia por no haber sido capaz de reprochar nada, no hacía más que martillarle la conformidad a la que había aceptado someterse.

Se abrazó Y si no eran desconocidos? Sai estaba entre ellos? Su propio padre? Y si se los encontraba por la calle? Ella no sería capaz de saberlo, pero ellos la habían visto como ni siquiera su padre la había visto desde los dos aos, cuando empezó a baarse sola.

Soltó más lágrimas y cerró los ojos con fuerza.

Necesitaba que su papá la abrazara, que la reconfortara y le repitiera que no tenía que quedarse.

.

Inoichi sorbió muy despacio el sake.

Chōza optó por meterse un bocado de carne a la boca para no opinar nada.

—Shikamaru dice que no es nada grave. Se sintió incómodo, pero no era como si lo fueran a violar en algún momento —dijo Shikaku soltando un suspiro con olor a alcohol.

Inoichi movió la cabeza de un lado a otro. La apreciación de un muchacho no contaba, las chicas no lo veían tan tranquilamente. De manera natural existía en ellas un tipo de pudor que solo era removido por una amplia experiencia en el campo sexual, experiencia que Ino no tenía y no lo decía como un padre que veía en su hija a la más pura y casta de las criaturas, era un hecho comprobable.

—Puedo quedarme en tu casa, Shikaku? —preguntó de pronto.

—Y eso?

—rdenes —respondió con simpleza.

El hombre asintió sin preguntar más detalles.


Comentarios y aclaraciones:

Tengo ciertos conflictos con la concepción de un ANBU, pero me inclino por la versión oscura.

En fin, en este fic si tengo la certeza de que no me desviaré tanto de la pareja, especialmente por el tipo de trama, solo crucen los dedos porque así sea.

Por cierto, si quieren otra versión de Ino ANBU, está el fic -precisamente- ANBU, que cuenta las primeras experiencias de los 11 de Konoha como parte de este cuerpo.

Gracias por leer!