Conflictos gratuitos

Sasuke realmente deseaba que hubieran elegido el tema de la tenencia de armas porque al menos de ese modo, podría aportar algo al desarrollo del trabajo. En cambio, con el asunto de la etnohistoria, recién estaba descubriendo términos de los que jamás había siquiera escuchado hablar, aun considerando que su familia no pertenecía al grupo de escépticos modernos que negaban cualquier insinuación medianamente sobrenatural.

Por eso mismo, lo que él había creído que serían un par de horas, se convirtió en toda una tarde, pero en cuanto el punto final estuvo puesto, el archivo guardado y solo restaba mandar a la impresora, tomó sus cosas y se fue sin siquiera despedirse.

—Voy a abrirle —dijo Hanabi, riéndose al imaginarlo rebotar por la barrera sagrada, poniéndolo de peor humor al que ya tenía.

Su primo, que había permanecido en sus asuntos, silenciosamente en su propio escritorio, solo dejó escapar un suspiro antes marcar la hoja en la que estaba e ir detrás de Hanabi, solo porque le gustaba menos la idea de dejarla a solas con… ese sujeto.

Hinata, sin embargo, prefirió quedarse, aunque tan pronto como escuchó la puerta cerrarse, fue hacia la ventana, sentía que se sofocaba, y solo un auténtico milagro evitó que el dolor de cabeza que sentía la incapacitara o le causara nauseas.

Se sentía avergonzada de su comportamiento frente a alguien que claramente no había pedido lo que le pasó y ni siquiera lo disfrutaba, pero su simple presencia la estremecía, y cada que intentaba hacer contacto con sus ojos, la sombra de la bestia se erguía, como si pudiera devolverle la mirada, chasqueando sus fauces con el mismo sonido aterrador que le había arrebatado la vida a su hermana, aos atrás.

Sacudió la cabeza mientras se frotaba los brazos y fue a terminar lo que estaba haciendo.

Hanabi alcanzó a Sasuke cuando este ya había llegado a la barrera, recordando la presencia de esta cuando la proximidad le erizó los vellos de los brazos, con todo y que no la había alcanzado a tocar.

—Disculpa la molestia —le dijo mientras realizaba el ritual de apertura.

El chico ni siquiera se inmutó, y una vez que estuvo del otro, apenas le dirigió una mirada.

Era realmente pequea, muy delgada, incluso el uniforme de la escuela parecía irle algo grande. Sin embargo, podía perfectamente asociarla con las grandes sacerdotisas de las que corrían leyendas.

Acomodándose la mochila en un solo hombro, apresuró el paso para alcanzar el tren antes de que se saturara de empleados que terminaban su jornada laboral.

Se detuvo solo un momento antes de llegar a la calle principal, levantando la nariz. Se rehusaba a decir que estaba olisqueando, pero eso era lo que estaba haciendo; de entre el olor a madera y hierba, pronto detectó algo pútrido.

—Que asco —se quejó, cuando la sutil presencia se agudizó. Enseguida echó a correr calle abajo antes de que aquella cosa decidiera acercarse.

Nunca había tolerado a los muertos, y no tanto por su apariencia decadente, la pestilencia que despedían algunos o su casi innata necesidad de aparecer de repente, provocando sobresaltos, sino por su patetismo para suplicar que vengara su muerte o le dijera a su esposa que no le fue infiel a propósito.

A su paso, los perros empezaban a ladrar furiosamente, y aunque normalmente sería él el problema, no dudaba que en realidad fuese la cosa que lo seguía.

Cortó camino saltando un desnivel en lugar de llegar a las escaleras, y tomó impulso para saltar un pequeo río en lugar de usar el otro paso peatonal a varios metros de ahí. Sin embargo, la distancia era más de lo que estaba acostumbrado y derrapó en el borde, casi cayéndose de espaldas si no fuera porque consiguió girarse para empujarse de vuelta con el brazo.

Desde ahí vio al difuso ser, dudando sobre si adentrarse o no.

Sasuke le sonrió con malicia. Si no había muerto ahogado, el agua se lo iba a llevar, y parecía ser consiente de eso.

Con más calma, retomó el camino en dirección a la estación de tren, pero ni bien había avanzado, cuando otra presencia se abalanzó sobre él, esta no estaba en un estado avanzado de descomposición, así que pudo distinguir a una mujer joven, con uniforme de alguna tienda departamental, completamente aterrada, aunque su pánico se vio momentáneamente interrumpido cuando fue consiente de que él podía verla, así que comprendió que no lo había interceptado a propósito.

—Aquí viene —dijo rompiendo a llorar. Ella puso sus manos en los brazos del muchacho, que solo sintió como una leve sacudida, casi sólida —. Tienes que irte de aquí, podría lastimarte.

Enseguida lo soltó y siguió corriendo, aún mirando tras su hombro.

Sasuke miró el sitio de donde venia, debajo de un puente vehicular a varios metros, y un hombre ensangrentado también salió corriendo, solo que él lo hacía a trompicones debido a la posición extraa de sus piernas, y después algunos más, pero más difusos, apenas reconocibles.

Sintió un viento helado y su corazón empezó a latir con fuerza. Era como si la bestia se estuviese poniendo en guardia.

Luego un sonido metálico, un gruido distante y cavernoso…

Y el aullido.

Se sujetó el estómago al sentir un tirón propio de los primeros espasmos de la transformación, pero consiguió controlarse lo suficiente como para empezar a correr también. Si conseguía alejarse de la sensación de amenaza, podría evitarlo, o cuando menos esperaba alejarse lo suficiente como para no matar a nadie, y no por una consideración filantrópica, sino simple practicidad. Esa clase eventos siempre llamaban mucho la atención.

Descartó por completo la idea de ir en tren, si llegaba corriendo a la casa, el desgaste debería ser suficiente como para llegar a dormirse sin percances. Sin embargo, no sentía que realmente se estuviera alejando, podía aún sentir en la nariz el olor a sangre, pero había algo más en el fondo, y entonces pensó, con bastante extraeza, que la mujer muerta estaba aterrada, algo que no debería ser, al menos no con esa intensidad porque no podría realmente hacerle dao.

Se detuvo para mirar atrás y distinguió la inmensa figura cuadrúpeda que había alcanzado con las zarpas a una de las entidades rezagadas.

El chico frunció el ceo, aguzando la mirada para confirmar que no estaba confundiendo las cosas, pero aún en la oscuridad, fue perfectamente capaz de ver cómo el hocico se acercaba a lo que parecía ser una cabeza a la que apenas le quedaban cabellos, y hacía algo como sorber.

—Pero qué mierda…

Contuvo el aliento al escuchar su propia voz, especialmente cuando el lobo levantó la mirada, reparando en su presencia.

Eso fue todo lo último que recordaba con claridad, al menos antes de despertar atado a una camilla fija, que era más parecida a un yunque de herrero que a cualquier mueble hospitalario.

—Kabuto! —gritó, forcejeando con las ataduras.

Casi enseguida el hombre entró, ajustándose las gafas como siempre y con su expresión de exasperante inalterabilidad.

—Buenos días, Sasuke-kun.

—Qué fue lo que pasó?

—Esperábamos que pudieras explicarnos.

Sasuke resopló, mirándolo con hastío, aunque el otro simplemente se acercó al monitor, dando golpecitos a la pantalla.

—Creo que ya te puedo desatar —dijo.

—Cómo llegué aquí?

—Madara-sama mandó a un par de agentes a buscarte, te encontraron en la ribera del río.

—Me comí a alguien?

—Extraamente no, estabas limpio. Alguien te molestó? Consideras que la presión de la escuela es demasiado?

—Qué?

—Tuviste dos eventos sin luna en menos de un mes, hacía tiempo que no te pasaba.

Sasuke frunció el ceo, frotándose las muecas, aunque realmente no le dolía nada, solo le irritaba la sensación de estar atado.

—No es eso. Había un lobo.

Kabuto se rio sin siquiera disimular su burla.

—Sasuke-kun, eres el único hombre lobo que existe que puede transformarse sin necesidad de luna.

—El que me mordió también podía —insistió, yendo a la silla donde estaba la muda de ropa que le habían preparado —. Cómo saben que no contagió a nadie más antes de que lo atraparan?

Con un gesto falso de meditación, Kabuto solo torció la boca.

—Un hombre lobo es algo muy difícil de hacer pasar desapercibido. Son el tipo de cosa que incluso los escépticos pueden notar a la primera, y han pasado varios aos desde el incidente.

Sasuke ni siquiera se molestó en decirle que lo vio comiéndose un fantasma, se iba a reír en su cara.

—Me puedo ir?

—Sí, claro, aunque dice Madara-sama que estás castigado.

—Castigado? Por qué?

—Por llegar tarde, o no llegar, en realidad —contestó con naturalidad —. Date prisa, vas tarde a la escuela.

Sasuke resopló con fastidio, pero no lo contrarió. Era un idiota, pero seguro había alguien que podría confirmar lo que había visto, así que debía darse prisa.

Distinguió a Hinata mientras acomodaba sus zapatos en el casillero, y aunque no fue su intención, la hizo saltar del susto cuando le habló por la espalda.

—Tengo que hablar con tu hermana —fue todo lo que le dijo.

Hinata juntó levemente las cejas.

—Lo siento —respondió —. Pero fue a un viaje escolar, llegará hasta maana.

Ya no sabía cuántas veces había resoplado.

—Tal vez de algo sirvas. Acompáame al río a la salida.

La frase había sido tanto o más cruel de lo que había pensado, pero como ya lo había dicho, poco o nada podía hacer al respecto porque cualquier disculpa sobraba.

Extraamente, el que ella no le dijera nada, le molestó más que su propia falta de tacto. Cualquier persona que se preciara de tener orgullo lo habría confrontado o cuando menos ignorado, negándose a cualquier petición. Sin embargo, una vez terminadas las clases, ella le esperó tal como le había indicado.

—Vamos —le dijo una vez que la alcanzó en la puerta.

—No crees que Sasuke-kun ya tomó mucha confianza con Hinata-san? —preguntó la chica del pelo rosa que también estaba en su clase a su amiga.

—Solo son compaeros de equipo no exageres, frente de marquesina.

l las escuchó, pero no tenía tiempo ni interés para aclarar de lo que pudieran pensar, así que solo llevó a la chica hasta el sitio que recordaba la noche anterior.

—Es aquí —dijo.

—Aquí qué?

—Aquí hay varios fantasmas, necesito que llames a una mujer que no tiene mucho que murió.

Ella miró a un lado y otro, parecía dudar, como si también lo creyera loco, aunque ni siquiera le había explicado para qué necesitaba que hiciera eso.

—Sabes cómo se llama? —preguntó tímidamente.

—No.

—Es que…

—Qué?

—Es que no siento ninguna presencia —consiguió decir —. No hay nadie aquí, y parece que no lo ha habido en un tiempo, el ambiente se siente ligero.

Sasuke gruó por lo bajo. Estaba muy seguro de ese era el sitio y había no menos de diez presencias de diferentes épocas, sin contar a la que lo había seguido desde la casa Hyūga.

Molesto, caminó de un lado a otro buscando algún indicio mientras Hinata solo lo miraba sin comprender nada.

—Y cerca de aquí? —preguntó.

Ella cerró los ojos haciendo un ademán con la mano.

—Más hacia allá —susurró, sealando en la dirección que corría el río —. Creo que es en la estación de tren. Casi siempre hay alguien ahí.

—Vamos —insistió, aunque debió ayudarla a subir la pendiente, soltándola enseguida, pero, aunque fue por reacción de ella, no podía negar que su tacto se sentía extrao.

En la estación de tren, pronto encontraron a un oficinista demacrado que claramente había sido arrojado.

Hinata no pudo mirarlo, desvió la vista sujetando con fuerza su mochila, mientras que Sasuke se inclinaba hacia él.

—Conoces a la dependienta del rio? —le preguntó.

El hombre, con un semblante apesadumbrado, comprendió que no obtendría ningún tipo de compasión o empatía del muchacho, así que solo asintió lentamente.

—Cómo se llama?

—Yanato Misako —respondió con una voz hueca, aunque baja, casi como un murmullo distante.

—Puedes encontrarla con eso? —preguntó a Hinata, que solo asintió.

Cuando Sasuke se alejó, ella se acercó al fantasma, arrodillándose a su lado para poder abrir su mochila y sacar un talismán de papel.

—Siento no poder hacer más —susurró, sin embargo, al hacer contacto, el sello se quemó y su expresión se aligeró bastante, cerrando los ojos, como si finalmente pudiera dormir.

Sasuke se reservó sus comentarios. Seguramente no era capaz de hacerlos pasar a luz o purificarlo, o lo que fuera, y usaba esos sellos solamente para que no estuvieran vagando por ahí, especialmente cuando las condiciones que reflejaban sus cuerpos espirituales no eran las más favorables.

La dejó acabar, pero se alejó de ahí.

No soportaba la miseria humana.


Comentarios y aclaraciones:

Sasuke es tan… Sasuke.

Abrí una fanpage de Facebook: El moleskine de Kusubana.

Síganla! Tendré material adicional y algunas noticias sobre el provenir de esta y otras historias.

Y más que nada, quiero desearles Felices fiestas!

Este ao logré alcanzar el centenar de historias publicadas y nada de esto tendría sentido sin ustedes los lectores.

Mis mejores deseos para todos! Especialmente en estos tiempos tan difíciles, espero poder cooperar en algo, aunque sea un minúsculo aporte para hacer más llevadero el asunto

Gracias por leer!