Crepúsculo

—Estás bien? —preguntó Mito a Tobirama, una vez que pudieron deshacerse de todos los hombres con los que se habían reunido.

—Yo? Sí —respondió con fastidio —. Pero creo que ese pobre diablo ensució sus pantalones.

—Están tratando de formar un sistema funcional.

—Están tratando de convertir esta aldea en una réplica de la burocrática capital.

—Es el único sistema que conocen, nosotros debemos guiarlos para que comprendan las implicaciones militares.

Tobirama se hizo hacia atrás, haciendo tronar su cuello.

—Si maana insiste en agregar un impuesto por la portación de límite de armas, le daré unas cuantas que lo incluirán para pagar también.

Por su parte, Mito se puso de pie con la grácil agilidad que había aprendido a dominar para que su vestido luciera magnífico como siempre, bajó los escalones con cuidado, aunque quería correr, tenía que salir de ese lugar con olor a viejos burócratas.

—Te quedarás a cenar?

—Lo que necesito es un trago.

—Ya veo. Que pases buena noche.

Solo le respondió con un gruido, antes de escabullirse por el otro lado.

Afuera del edificio erigido para todos los menesteres administrativos y políticos, la esperaba su escolta; los ninjas que su abuelo había enviado junto con ella para su servicio personal, de modo que no acusaran a Hashirama de sacar del servicio a algunos elementos para sus necesidades domésticas.

Ella se había negado, pero su abuelo insistió al punto de amenazar con hacerlo peor, chantajeando a Hashirama con la alianza.

—Creí que me empezaban a salir raíces —se quejó uno cuando la vio salir.

—Deberías estar más agradecido, tú no tuviste que pasar el día con estas personas.

—De lo que estoy agradecido —insistió mientras empezaban a caminar de vuelta a la casa—, es que el calor de acá no es tan insoportable como el de Uzushio.

—Les dije que me esperaran en alguna cafetería.

—Qué clase de guardaespaldas seríamos? —insistió el otro —. Ya es demasiado absurdo no estar en el mismo salón.

—Esos hombres son personas sensibles y fáciles de intimidar. Tobirama-sama puede atormentarlos él solo.

Mito odiaba moverse en coche dentro de la aldea, aunque había uno al servicio de la casa del Hokage. Desde que estaba casada, ese era su único ejercicio de importancia, así que lo aprovechaba.

—Van a quedarse a cenar?

—Gracias, Mito-sama. Pero de verdad necesito darme un bao.

—Lo siento mucho, pero hice una cita para esta noche.

—No expliques nada, he esperado meses para que me digas eso.

Los hombres rieron tímidamente. Había buscado la manera de deshacerse de ellos desde que habían llegado, así que luego de reverenciarla, la dejaron con las doncellas que salieron a su encuentro.

—Su bao está listo —anunció una, aunque ya la estaban conduciendo hacia la habitación.

Abatida por la sensación de no ser capaz siquiera de hacer eso por su cuenta, dejó que la ayudaran a lavarse el pelo, riéndose de sus bromas sobre que ningún perfume era lo suficientemente fuerte como para sobreponerse a un montón de hombres, e incluso una comentó, con bastante indiscreción, que había trabajado en la casa de uno de ellos, y aseguró que su higiene personal dejaba bastante que desear.

Convencida de que ya no lo podría mirar de la misma manera, y que la imaginación la iba a traicionar, vislumbrando cómo sus ropajes interiores podrían ser usados como un arma letal.

Con el ánimo mejorado, fue al comedor. Ya habían servido la cena, solo estaba dispuesto su sitio y no hubo manera de convencer a nadie que se sentara con ella, así que se limitó a tomar pequeos bocados. No tenía hambre en realidad, pero tampoco podía quedarse sin comer, tenía que poner toda su voluntad para mantenerse en la mejor forma posible, quizás algún día podría convencer al concejo de dejarla volver al servicio.

—Puedo?

Mito asintió. Había sentido la presencia de su cuado desde antes de que incluso llegara a la casa, pero creyó que se iría directamente a sus aposentos. El ninja se sentó a su lado, con poca elegancia, pero nada demasiado escandaloso como para considerarlo grosero. Llevaba una botella en la mano, y solo pudo fruncir levemente el ceo cuando le dio un trago directo de ella.

Llamó a una sirvienta, que sabía, permanecía al otro lado de la puerta, y le pidió que llevara un servicio de bebida y también le sirviera la cena.

—No es necesario —dijo quedamente —. Esos malditos viejos me quitan el apetito.

Mito insistió.

Cuando la muchacha regresó, ella se movió de su lugar, acercándose a Tobirama, quitándole la botella para vaciarla en el tokkuri*, y ofreciéndole uno de los choko*.

l lo tomó, mirando los movimientos de la mujer que luego de asegurarse de que todo estaba como debía, le sirvió un trago.

—Esto es bastante extrao —dijo.

—Claro que no, es la forma tradicional de servir.

—No me refiero a eso.

Mito seguía acomodando los platos conforme las sirvientas los traían, aunque se tomó un momento para mirarlo, sin entender a lo que se refería. Tobirama no pudo explicarlo, no por falta de entendimiento, sino porque comprendía que era un sentimiento propio.

Toda su vida había sido soldado, solo o con un escuadrón, pasaba la mayor parte de su tiempo en campamentos mucho menos que temporales, comiendo alrededor de una fogata y la ayuda de un kunai si era requerido.

Cuando su hermano empezó a construir esa casa, tenía una idea bastante más austera, simplemente un espacio para que Mito pudiese vivir bien y pudiese cuidar de sus hijos, habían sido el consejo militar y el consejo civil quienes habían decidido sin más, convertirlo en un palacio.

Hashirama se lo había dicho también, había demasiado espacio, demasiadas cosas que, aunque sabían qué eran o para servían, no tenían propósito en la vida de un ninja como ellos.

Sin embargo, al ver a Mito, que también era un ninja, haciendo todo eso con naturalidad, enfatizaba la idea de para crear una aldea, tenían que seguir soportando a todos los viejos abogados, notarios y contables.

Con algo de suerte, la siguiente generación no se sentiría como un perro salvaje cada que se sentaran a la mesa.


Comentarios y aclaraciones:

*El Tokkuri es la cosa que parece jarrita, por extensión, los choko son los vasitos.

Abrí una fanpage de Facebook: El moleskine de Kusubana.

Síganla! Tendré material adicional y algunas noticias sobre el provenir de esta y otras historias.

Y más que nada, quiero desearles Felices fiestas!

Este ao logré alcanzar el centenar de historias publicadas y nada de esto tendría sentido sin ustedes los lectores.

Mis mejores deseos para todos! Especialmente en estos tiempos tan difíciles, espero poder cooperar en algo, aunque sea un minúsculo aporte para hacer más llevadero el asunto

Gracias por leer!