Disclaimer:

Los personajes, trama y detalles originales de Hazbin Hotel (2019) son propiedad de Vivienne "VivziePop" Medrano.

Los personajes, trama y detalles originales de Heathers: The Musical (2014) son propiedad de Laurence O'Keefe & Kevin Murphy.

Los personajes, trama y detalles originales de The Craft (1996) son propiedad de Andrew Fleming.

Advertencias:

La clasificación indica temas que no son propiamente para menores o personas sensibles a asuntos relacionados con la violencia física, psicológica, y contenido de índole sexual en determinado momento, además de uso de lenguaje vulgar. Queda a discreción del lector el contenido.

Notas introductorias:

Vivi es un Fan character, es decir un personaje original creado para ambientarse en la historia de Hazbin Hotel, que toca en ciertos puntos también la trama de Helluva Boss, de la misma autora. También parte de una mezcla adaptada de Heathers: The Musical y The Craft.

IMPORTANTE

Esta historia narra los inicios del personaje, su vida humana, por lo que los elementos relacionados a Hazbin Hotel, o Helluva Boss, son meramente insinuados.


OVERTURA

Una de las cosas que cualquiera puede odiar a los diecisiete aos, es una mudanza imprevista.

Sobre todo, cuando no se trata de algo tan simple como cambiarse a un par de manzanas, sino atravesar todo el país en auto, y pasar de la gloria de una de las ciudades más cosmopolitas para llegar a un sitio donde lo extravagante y el folklor hacen una amalgama en la que se está totalmente fuera lugar.

Tampoco era como si Vivi Leong fuese una celebridad en su escuela, pero al menos, había conseguido con el paso de los aos, dejar de ser la diana de desquite de los patanes y las reinas diabólicas que controlaban la escala social.

No obstante, también había que ser condescendiente. Los sucesos de su vida se habían amoldado como piezas de un rompecabezas para evitar que la familia acabara viviendo en las calles.

Su padre había perdido absolutamente todo a causa de una mala inversión, todo excepto el auto de su madre y la ropa, porque incluso habían tenido que prescindir de la joyería, así como de todos los muebles y electrodomésticos para poder costear el traslado.

Eso había permitido un viaje más ligero, pero no aminoraba la sensación de pérdida. Por no hablar de que la abuela había muerto y esa era la razón por la que se habían embarcado en ese viaje, porque habían heredado su casa y su tienda de antigüedades. O al menos eso dijo el hombre que les llamó por teléfono, ella no había hecho testamento alguno, pero su madre era hija única y no había otros parientes.

Se preguntó entonces si el odio que la abuela le tenía a su padre sería suficiente como para negarles la ayuda en sus circunstancias. No sabía ni porqué estaba molesta en primer lugar. Su abuela era un recuerdo borroso en su memoria, igual que Nueva Orleans. Había cursado solo el jardín de nios cuando sus padres decidieron marcharse a Nueva York, en una mudanza igualmente imprevista, ni siquiera pudo avisar a sus amigos porque todo pasó en un fin de semana.

El olor a naftalina los golpeó con fuerza apenas abrieron la puerta, y mientras sus padres atendían al hombre que los había llamado para los asuntos de la herencia, ella decidió recorrer el lugar, encontrándose con la no tan grata sorpresa de que esa casa se había quedado estancada en algún momento de 1930, con todo y lo raro que podría ser, ya que sus abuelos habían llegado en 1970 a Estados Unidos, dejando detrás su natal Singapur.

El teléfono tenía cable, peor aún, era de disco. No había un solo televisor a la vista, tampoco calefacción eléctrica, ventiladores, o algo que confirmara que no habían viajado en el tiempo.

Quizás la cocina se salvaba, porque el refrigerador tenía despachador de agua y hielos, pero no había horno de microondas o una cafetera cuando menos.

Lo que sí había, era una radio.

No un mini estéreo, no un reproductor, no una grabadora: una radio.

De un color azul que únicamente había visto en cosas antiguas, y un círculo en el centro con una aguja, que no sabía si era para ubicar la estación sintonizada o se movía conforme las frecuencias del sonido.

—Me la puedo quedar? Debe de existir aún alguna estación que transmita música decente.

Su madre asintió, aunque le dio un beso en la frente antes de que saliera.

—Te prometo que te compraré un teléfono en cuanto pueda sacar dinero de la cuenta de la bruja.

Ruborizada, solo pudo tomar la radio entre sus brazos. Aún estaba demasiado avergonzada por su rabieta cuando le pidieron su móvil para venderlo por Internet, era prácticamente nuevo, una semana de uso y la envidia de la clase ya que lo había conseguido en la limitada preventa.

Fue así como se enteró sobre la situación familiar.

Casi como lo recordaba, las escaleras al ático eran fijas, detrás de una puerta al final del pasillo, en lugar de las plegables que acostumbraban en casa más modernas.

Encendió las luces y el olor a naftalina fue reemplazado por algo viejo y polvoriento. La madera chirriaba bajo sus pasos, pero no creía que fuesen a caerse.

Se quedó verdaderamente sorprendida al ver que lo que tenía frente a ella, se correspondía bastante con la imagen de sus memorias: la cama, el baúl de madera a sus pies. Un armario que creía enorme en realidad era bastante promedio, un escritorio con banquillo acojinado, el tocador con su espejo, un librero vacío, una mecedora.

Todo cubierto con viejas sábanas que fue descubriendo uno a uno, levantando el polvo acumulado con los aos.

Entonces, vio que sobre el escritorio había un libro. La portada tenía a una mujer rubia con peinado y maquillaje de los 80s que sostenía una vela blanca en las manos.

—Hechizos de magia blanca —leyó arqueando una ceja mientras ojeaba las opciones.

Se llevó el libro a los labios y la pregunta que se había hecho alguna vez, hacía aos, cuando descubrió que podía ver y hacer cosas que otros nios no, se repitió en su mente.

Se trataba de algo familiar?

Cuando se animó a decirle a su madre sobre la mujer sonriente que estaba en el jardín, bajo su ventana, simplemente le dijo que se trataba de su imaginación infantil.

La abuela le habría dejado eso a propósito?

Desde que se fueron de esa casa jamás habían vuelto a hablar.

Dejó el libro de lado, y le hizo un espacio a la radio junto a su cama, que además tenía el único contacto disponible, o al menos que había visto. Solo había dos perillas, así que, por sentido común, una era el volumen y la otra sería para ajustar la estación.

Un poco de estática, una voz poco clara, quizás algún comercial, y finalmente una canción.

Se dejó caer en la cama.

Tenía un fin de semana antes del primer día de escuela, la pesadilla recién comenzaba.


Comentarios y aclaraciones:

De momento, Vivi solo ha sido presentada en unos grupos de Facebbok, en mi perfil personal, y esta historia también la estoy publicando en Wattpad.

Algunos ya sabrán en qué sentido van las cosas con esta chica, pero espero encuentren algo de interés en esta breve tragedia.

Gracias por leer!