Disclaimer:

Los personajes, trama y detalles originales de Saint Seiya son propiedad de Masami Kurumada y Shūkan Shōnen Jump (manga), Kōzō Morishita, Kazuhito Kikuchi y Toei Animation (anime).

Los personajes, trama y detalles originales Cthulhu y compaía, son propiedad de H.P. Lovecraft, y Hazel Heald, Robert E. Howard y Martín S. Warnes (en algún punto).

Advertencias:

Por el poder del Deus ex Machina, he elegido quién de Saint Seiya está vivo y en qué condiciones. También me reservo el derecho de elegir qué material usar como base, así que de entrada advierto que hay elementos tanto del manga como del anime -clásico- y algunas OVAs, pero no todo en su conjunto (que sería imposible porque muchas cosas se contraponen).

Así mismo, luego de valorar este caso, he concluido que no es un crossover, como pensé originalmente, sino una adaptación libre -muy libre- de varias historias lovecraftianas (y no solo La llamada Cthulhu como el título da a entender) entre las que se encuentran el relato homónimo, Reliquia de un mundo olvidado (A través de los eones), La ciudad sin nombre, Encerrado con los faraones (Bajo las pirámides), La sombra sobre Innsmouth, El horror de Dunwich, La piedra negra, El libro negro de Alsophocus y Dagon.

Notas introductorias:

Sin afán de asumir el título de especialista en la obra del escritor de Providence (mucho menos aún en el ya de por sí tenso fandom de Saint Seiya), quiero recordarles que esto es un fanfic, y es una adaptación libre. No obstante, me encuentro perfectamente abierta a recibir cualquier tipo de retroalimentación, observación y/o crítica.


La llamada de Cthulhu

"Que no está muerto lo que puede yacer eternamente, y con los evos extraos aún la muerte puede morir."


Es imposible que tales potencias o seres hayan sobrevivido

a una época infinitamente remota donde la conciencia se manifestaba,

quizá, bajo cuerpos y formas que ya hace tiempo se retiraron

ante la marea de la ascendiente humanidad...

formas de la que solo la poesía y la leyenda han conservado un fugaz recuerdo

con el nombre de dioses, monstruos, seres míticos de toda clase y especie...
La llamada de Cthulhu (H.P. Lovecraft)

Texto introductorio de Algernon Blackwood


Capítulo I

El pilar del Atlántico Sur

—Seor.

Sorrento tomó la carpeta que le extendía el hombre, desplegando su contenido sobre el escritorio.

—Falta una —le dijo, intentando controlar la ansiedad en su voz—. Tiene un timbrado de urgente, por lo que no importa la hora, necesito que la traigas apenas llegue.

El mayordomo se inclinó con reverencia antes de marcharse, mientras que Sorrento se entregaba a la tarea de leer las traducciones de algunos recortes de los periódicos que había solicitado a una agencia de noticias.

A su derecha, una máquina de fax hacía lo propio con las copias de otra agencia en Estados Unidos, y le faltaban las de Sudamérica, donde el principal retraso recaía en la traducción.

Se mordió los labios a medida que era capaz de hacer las conexiones entre un suceso y otro, que podían pasar desapercibidas, y de hecho lo estaban haciendo, para el ojo del lector común. Se sobresaltó en cuanto escuchó a Julián entrando a la oficina. Llevaba dos tazas de café y le dejó una para después sentarse en la silla de visitas.

—Ya me dirás qué pasa? —le preguntó, aunque trataba de leer alguno de los encabezados de las páginas sueltas, por lo que Sorrento tomó todos los papeles poniéndolos de vuelta en la carpeta.

—Lo siento, no.

Julián dejó escapar un suspiro.

—Eso no es justo.

—Lo sé, es un abuso de mi parte usar los recursos de la familia Solo sin decirte nada...

—No es por eso —lo interrumpió. Sin embargo, no habló inmediatamente, sino que le dio un sorbo a su taza antes de dejarla sobre el escritorio, luego se acomodó el pelo con una mano y se recargó mejor en la silla, relajando los hombros.

—Te considero mi mejor amigo en todo el mundo. Incluso, me podría atrever a asegurar que eres el único.

Sorrento se sintió enrojecer, y obligado por una fuerza ajena a su firme voluntad para jamás revelarle a Julián ninguno de los detalles por los que había decidido entregarse por completo a su servicio, fue a su lado. Sin evitarlo, se arrodilló, lo que desconcertó al otro, siendo eso evidente por la expresión de su rostro.

Después de los aos que habían pasado juntos, aun no sabía cómo reaccionar del todo a ciertas maneras y comportamientos, que no estaba seguro de dónde debió aprender. Pensó entonces, que en realidad no sabía nada de su vida previa al momento en que se conocieron en la playa.

—Julián —dijo Sorrento devolviéndolo a la realidad —, te juro por lo más sagrado para mí, que, si otras fueran las circunstancias, te lo contaría todo, pero estoy atado a una fuerza más grande que mis sentimientos por ti.

El joven heredero de la familia Solo sonrió, poniéndose de pie e incitando al otro a hacer lo mismo.

—Amigo mío —le dijo —. No entiendes nada. Siento curiosidad, no lo voy a negar, pero lo que me mueve a insistir en saber, es que te veo sufrir y no sé cómo ayudarte.

—Me siento tan indigno de tus atenciones.

—No seas dramático. Escuché que aún esperas otros informes. Vamos, duerme algo mientras llegan, además, mirar fijamente el fax, no lo hará trabajar más rápido. Te prometo no mirar. Pero si te desmayas a mitad de tu investigación por agotamiento, no lograrás nada.

Sorrento se dejó guiar a su habitación, aceptando su propuesta, pero haciéndole prometer que lo despertaría apenas llegara el mensaje.

Cerró la puerta y decidió tomar un bao para quitarse la sensación que dejaba el haber vivido los últimos días en el despacho. Luego, simplemente se dejó caer en la cama.

Sentía que apenas dormitaba, pese a que estaba demasiado cansado. Sin embargo, con los ojos cerrados, el sentimiento de desasosiego crecía irremediablemente, y creía tener leves destellos de imágenes inquietantes sobre una ciudad que no se correspondía con ninguna otra que hubiese visto antes. Era extraa, sin guardar ningún tipo de proporción entre sus elementos que formaban ángulos inexplicables.

Sintió un cosquilleo erizando cada vello de su cuerpo, congelando su sangre con un terror que solo había sentido la primera vez que percibió el cosmos de Athena, haciéndole dudar de su voluntad, pero infinitamente peor, al punto en que resultaba doloroso.

En algún momento, una voz, que no era una voz, al menos no una que pudiera producirse por una garganta humana, susurró algo.

"Cthulhu fhtagn"

La sensación que dejaba ese sonido era pavorosa, y sintió la necesidad de escapar como fuese, y la conciencia sobre que no se trataba de la realidad, sino una visión producida por la gran cantidad de información que había recibido en los últimos días, pero la incapacidad de reaccionar para despertar, acrecentaban su creciente pánico.

Se movió por entre la ciclópea ciudad, incapaz de comprender la forma en la que se construía aquel trasfondo, en el que los ángulos no se comportaban con normalidad y ya no estaba seguro sobre la dirección que estaba tomando. Trató de seguir las directrices de sus propias técnicas, con las que alteraba el cerebro de sus oponentes, pero ni siquiera ese conocimiento parecía ser de utilidad.

Una sacudida dolorosa detuvo su escape, todo empezó a dar vueltas, no solo a su alrededor, sino arriba, abajo, en un sentido y en otro, en un delirio insoportable que estrujaba su cerebro. En un instante, habiendo caído e incapaz de levantarse, creyendo que los pilares recubiertos de jeroglíficos y un légamo verde, se colapsaban sobre de él, súbitamente todo se detuvo.

"Sorrento!"

—Esa voz! —exclamó levantando la vista.

La ciudad en la que había estado prisionero fue desvaneciéndose a medida que el poderoso cosmos del seor de los mares se abría paso.

—Mi seor Poseidón! —gritó, extendiendo la mano.

Se incorporó en la cama entre gritos. Sentía que no estaba respirando, con todo y que los pulmones le dolían por la violencia con la que se expandían y contraían.

Estaban golpeando la puerta de la habitación. Aun aturdido, escuchaba a los sirvientes llamándole del otro lado, hasta que finalmente vio a uno de los mozos, trastabillando al interior luego de haber destrozado la puerta con un hacha, mientras que el ventanal se hacía aicos con el jardinero habiendo hecho el mismo trabajo con una azada.

—Seor Sorrento! —exclamaron dos doncellas corriendo a su lado.

El mayordomo, notablemente exaltado, también fue con él.

—En dónde está Julián? —preguntó, sin responder las preguntas sobre su estado.

—No lo sabemos, seor —respondió el hombre —. Apenas usted cerró su puerta, dijo que estaría en su habitación, me pidió que le llevara el café que dejó en el despacho de usted, pero cuando lo hice, él ya no estaba, nadie sabe de él desde entonces.

—Y por qué no me habían avisado?!

—Tenemos más de una hora tratando de abrir la puerta, le escuchamos gritar. No lo entiendo, es como si hubiera una fuerza inhumana que la mantuviera cerrada, Intentamos romper los vidrios, pero parecían hechos de acero!

Sorrento saltó de la cama, sin embargo, un poderoso mareo le hizo caer de rodillas, sujetándose la cabeza.

"Seor Poseidón, qué es lo que planea?", pensó.

Levantó la vista, buscando entre todos los sirvientes a tres hombres que habían sobrevivido la Guerra Santa contra Athena, y que había conseguido colocar dentro de la casa. Los vio detrás del mayordomo, no menos exaltados, sobre todo porque parecían ser más conscientes de que, si alguna fuerza exterior había sometido al General Marina del Pilar del Atlántico Sur, solo podía esperarse lo peor.

—Traigan mis Escamas! —exclamó.

Sin comprender la orden, el mayordomo se giró para ver a los tres hombres salir corriendo.

Sorrento se concentró, encendiendo su cosmos para liberarse de aquella espantosa influencia. Entonces, finalmente consiguió ponerse de pie, con toda solemnidad.

—Mantenga a todos en la casa —dijo, refiriéndose al mayordomo, que no era capaz de sobreponerse a la impresión de lo que estaba sucediendo, y solo le miró abrir las puertas del armario, empezando a vestirse —. Es probable que estemos ante un hecho que perturbará la paz de este mundo.

Pero no fue sino hasta que los tres sirvientes volvieron, que la realidad superó cualquier extraa ficción que pudo haber concebido jamás, tanto él, como los demás miembros del personal: a la vista de todos, Sorrento dejó de ser el asistente de gran confianza de Julián Solo, para investirse como Sorrento de Sirena.


Comentarios y aclaraciones:

Pequea introducción, lista.

Gracias por leer!